En un mundo que aún arrastra las huellas de la desigualdad entre los sexos, el 8 de marzo se erige como una fecha de reivindicación y memoria.
Este artículo es un homenaje a la fuerza y la valentía de todas las mujeres que, a lo largo de la historia y en la actualidad, han luchado por la igualdad y la justicia; pero también es un recordatorio de los desafíos a los que nos enfrentamos las mujeres en este largo camino de resistencia colectiva.
Por todas las que con orgullo decimos que somos feministas, porque no hay nada más ético y admirable que trabajar para que mujeres y hombres gocemos de las mismas oportunidades. Por nosotras, porque absolutamente todos los derechos políticos, educativos y civiles conseguidos los hemos logrado las mujeres, y siempre con la resistencia feroz de los hombres. Gracias a las feministas votamos, estudiamos en la universidad, podemos abortar, divorciarnos, opinar, salir a la calle sin supervisión masculina o ser independientes económicamente.
Por todas las que en su pequeño o gran ámbito de influencia como profesoras, médicas, músicas, madres, publicistas, escritoras, bomberas, policías, periodistas, etc., no se callan cuando el machismo se hace presente. Por ellas, por contestar, criticar, denunciar, desmontar, proponer, resistir y, de este modo, ir dando pasos para que nuestra voz se oiga cada vez más fuerte y nuestras reivindicaciones se transformen en victorias. Para todas las desobedientes, porque sabemos que la desobediencia es el verdadero cimiento de la libertad.
Por todas las esclavas sexuales, porque son mujeres que han sido arrancadas de sus países, de su juventud y de sus familias para ser prostituidas. Todas ellas, por culpa de los puteros y proxenetas, están condenadas a graves trastornos físicos y mentales, así como a una muerte prematura. Este 8M las recordaremos y por ellas pediremos, un año más, la aprobación de la Ley Orgánica para la Abolición del Sistema Prostitucional (LOASP) que continúa en el cajón del Ministerio de Igualdad. ¡Malditos los puteros que compran dominación y abuso, y maldita la clase política que mira hacia otro lado!
Por las quince mujeres que cada día son violadas en nuestro país y se atreven a denunciar a sus agresores. Porque aún hay hombres que continúan pensando que su sobrina, su hija, su mujer, la chica de la discoteca o la del parque no son personas, sino objetos a su servicio, algo que merece ser penetrado una y otra vez provocando en ellas un daño irreparable de por vida. A esas quince mujeres diarias hay que sumar un número incalculable de otras muchas que no dan el paso de denunciar por vergüenza, por temor a no ser creídas o por miedo al agresor. Este 8M volveremos a alzar la voz diciendo que son nuestras hermanas y que las creemos.
Por nuestra paciencia, porque es agotador explicar que la violencia de género existe, que se nos paga menos por el mismo trabajo, que nosotras no somos las que odiamos a los hombres sino que son ellos los que nos humillan, maltratan, prostituyen, violan y asesinan. Porque sabemos que las resistencias son enormes pero, pese a ello, hacemos pedagogía cuando toca, salimos a las calles incansablemente, damos la cara, y trabajamos, cada una desde donde podemos, por todas nosotras, incluidas las que no se sienten representadas.
Por nuestra genealogía, porque nos han precedido científicas, políticas, pintoras, escritoras, arquitectas…; mujeres brillantes en todas las disciplinas, aunque el patriarcado se haya empeñado en minusvalorarlas o borrarlas de la historia. Para nosotras son nuestro ejemplo y guía. Ellas son nuestras maestras.
Por todas las que no votamos a la derecha ni a la ultraderecha, porque sabemos que con esos partidos nuestros derechos se ven gravemente amenazados. Las mujeres, en mayor medida que los hombres, somos contrarias a las actitudes y discursos totalitarios, a las políticas antiinmigración, a la violencia y arrogancia de los populistas, y a políticos que no sólo niegan las desigualdades entre hombres y mujeres, sino que quieren afianzarlas y agrandarlas.
Por las mujeres y niñas afganas, por las iraníes, y por las de tantos otros países como Yemen, el Congo o Sudán donde no se respetan para ellas los derechos más elementales. En muchas partes del mundo las mujeres tienen prohibido trabajar, viajar sin el permiso del hombre o divorciarse. En otros, la educación para ellas está prohibida, no pueden salir al espacio público solas o se les impide hablar. Hay países donde las mujeres están excluidas de las decisiones políticas y sociales, donde carecen de protección legal frente a violaciones o malos tratos, donde están obligadas a cubrirse, o donde sufrir un aborto espontáneo las lleva directamente a la cárcel. La ablación continúa siendo legal en casi cuarenta países, así como los casamientos forzosos de niñas con hombres que triplican su edad. Por todas ellas volveremos a renegar del patriarcado y a exigir el respeto a los derechos humanos para las mujeres en todas partes del mundo.

Por todas las mujeres que sufren estrés, depresión, insomnio y otros problemas de salud por la sobrecarga de trabajo que soportan. Ellas son las responsables del cuidado de sus hijas e hijos, de las personas mayores y de las tareas domésticas, soportando una triple jornada laboral al no contribuir sus parejas a un reparto en igualdad de condiciones. La corresponsabilidad continúa siendo una tarea pendiente en nuestro país porque mientras nosotras salimos al mercado laboral hace ya unas cuantas décadas, ellos continúan sin entrar al ámbito de lo doméstico.
Por las mujeres, seres humanos que no necesitamos más pecho, menos pelo en las axilas o cejas más pobladas. A ninguna nos hace falta tener los pómulos más marcados, subirnos en unos tacones o tener la cintura estrecha. Por nosotras, porque denunciamos incansablemente que la violencia estética nos oprime, nos cosifica, nos hace ser dependientes del mercado, de la mirada masculina, de unos cánones de belleza que nunca podremos alcanzar, y todo ello a costa de nuestra autoestima. Somos un sexo perfecto, al que no le falta ni le sobra nada, y así lo recordaremos este próximo 8M.
Por todas las trabajadoras, porque sufrimos la división sexual del trabajo, menos contratos indefinidos, salarios más bajos, más desempleo pese a estar mejor formadas que los varones, innumerables enfermedades de origen laboral en las actividades feminizadas, menos posibilidad de acceso a puestos de responsabilidad, acoso sexual y laboral, y ocupaciones menos reconocidas socialmente.
Por las mujeres que, cada vez en más países, son consideras un mero vientre al servicio de parejas homosexuales o de parejas heterosexuales que no pueden tener descendencia. Porque tener hijas o hijos no es un derecho y nos oponemos frontalmente a que el dinero ponga en peligro la salud física y psicológica de mujeres vulnerables. Este 8M volveremos a gritar que no somos vasijas.
Por los hombres que nos acompañan en nuestra lucha, porque reconocen que hay una mitad de la humanidad en deuda con la otra y no quieren quedarse de brazos cruzados.
Por todas las que ya no están porque ellos decidieron asesinarlas. Por Ana, por Julia, por Beatriz, por María… por las cientos y cientos de mujeres a las que los machistas arrebataron sus vidas.
Por ellas, por nosotras, por todas.











