Los veranos de Carlos Javier Bernabé Marques (Alfara del Patriarca) siempre tuvieron el aroma inconfundible de la leña, la harina y las noches interminables junto a los amigos. Son recuerdos de una generación que aprendió primero a trabajar y después a disfrutar de la diversión.

Su primeros veranos cuando tenia entre 8 y 14 años los recuerda en la caseta del secà de Náquera. «Las mañanas las pasaba casi siempre dentro de la piscina, con los primos. Y por la tarde convertíamos los campos en un inmenso territorio de aventuras donde jugar a indios y vaqueros, esconderse entre los árboles y dejar volar la imaginación que no necesitaba pantallas para ser feliz».
«A los 18 años empecé a trabajar en la panadería artesanal de mis padres y el verano suponía cambiar los libros por los sacos de harina». Entre los seis hermanos se organizaban y cada uno asumía una responsabilidad donde aprendieron que el esfuerzo compartido era la mejor manera de sacar adelante el negocio familiar.


Carlos recuerda que «después de elaborar el pan llegaba el reparto por la zona de Masías. «Con las cestas cargadas de barras recién horneadas recorría las calles de Masías atendiendo los encargos»

Con la juventud llegaron otros escenarios, pero la misma intensidad. Salou se convirtió para Carlos en destino de una pandilla inseparable formada por Pep Esplà, los hermanos Bernardo y Manu, Vicente y Pepón.

Alfara del Patriarca también ocupa un lugar especial en sus veranos como el recuerdo del 75 aniversario de la donación de la imagen de San Bartolomé por su abuelo, José María Marqués. «Fue una conmemoración que reunió a toda la familia y permitió organizar las fiestas de San Bartolomé, convirtiéndose en uno de los momentos compartido por varias generaciones de los Marqués», señala Carlos.

En su vinculación con Moncada recuerda especialmente los años en los que formó parte de la clavaría de la Virgen de los Desamparados con Camilo Falcón de clavario mayor.
Con el paso de los años, Carlos Bernabé CEO de Indespan recuerda a unos padres que le inculcaron la cultura del esfuerzo desde la panadería; de unos hermanos con los que compartió madrugadas de trabajo; de unos primos que hicieron de Náquera un territorio de aventuras; de los amigos y de una familia que transmitió el orgullo por sus raíces.






