Francisco Martínez Vicent, conocido como ‘Paco el de Apolonia’, ha fallecido dejando tras de sí una vida ligada a la tierra, al esfuerzo silencioso y a la dignidad del trabajo agrícola. Agricultor por encima de todo, Paco dedicó su existencia a l’horta, cultivando no solo verduras, sino también una forma de vida basada en la constancia, el respeto por la naturaleza y el amor por lo sencillo.
Hasta que las fuerzas comenzaron a faltarle, su día a día transcurrió en la alquería de Carpesa en el Camí de Moncada donde el ritmo lo marcaban las estaciones, el riego y el cuidado paciente de la tierra. Allí forjó su identidad, profundamente arraigada a la huerta que trabajó con sus propias manos.
Desde hace unos treinta años residía en Moncada, en la calle Cervantes, pero nunca dejó atrás su vínculo con el campo ni con la alquería en la que creció a la que acudía a diario. Su apodo, Paco el de Apolonia, remite a sus antepasados familiares y a la tradición oral de l»horta, donde los nombres se heredan y se transforman en identidad colectiva.
Su viuda Mari Carmen Pascual Cabo que hasta su jubilación fue maestra de primaria desempeñó su actividad docente en el CEIP Blasco Ibañez del que llegó ser directora. Sus hijos Maye, Mónica y Paco destacan la vida sencilla y trabajador incansable de su padre.
Paco el de Apolonia representa a toda una generación que hizo de la agricultura no solo un medio de vida, sino una forma de entender el mundo. Su legado permanece en la tierra que cultivó, en quienes le conocieron y en la memoria de una huerta que lleva su huella.













