Hay fotografías que retratan un instante y otras que, con el paso del tiempo, se convierten en una ventana al pasado: un lugar donde la memoria permanece, los rostros vuelven a hablarnos y una época regresa por un instante ante nuestros ojos. Las 26 imágenes que el fotógrafo americano Eugene Vernon Harris tomó en Moncada en 1960 pertenecen a esta segunda categoría.

Son fragmentos de una ciudad que ya no existe exactamente como entonces: calles, personas, costumbres, trabajos y escenas de la vida cotidiana captadas por el objetivo del fotógrafo estadounidense que llegó a Moncada acompañado por Clarence Wood Sorensen un geógrafo y explorador, dentro de uno de sus viajes por el mundo.
¿Pero quién era Eugene Vernon Harris? Cuando su cámara se detuvo en Moncada, detrás de aquel hombre había una vida marcada por los viajes, la diplomacia, la geografía y una pasión por la fotografía que acabaría convirtiéndose en su profesión.

Los negativos según la detallada investigación realizada por Moncadapèdia forman parte de la colección Clarence W. Sorensen – Safety Negatives, custodiada por la Universidad de Wisconsin-Milwaukee. La colección está a nombre de Sorensen, pero la universidad pone como autor también a Harris. Las imágenes están disponibles en línea en la DPLA (Biblioteca Pública Digital de América).

La colección, formada por 26 fotografías y considerada inédita hasta su recuperación y exhibición en distintas muestras, constituye hoy un pequeño tesoro documental para reconstruir cómo era Moncada hace más de seis décadas. No son únicamente imágenes antiguas. Son testimonios de una época.
Parte del hallazgo de este importante archivo fotográfico según relata Moncapèdia se debe al colaborador, José Manuel Ramón, que hace unos años, durante una estancia en los Estados Unidos, se encontró con la colección consultando el archivo de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee y decidió hacer una copia.

En relación a las fechas de las fotografías en el archivo aparecen de manera genérica como anteriores a 1969 aunque podían ser del año 1960, que coincide con unas fotos del mismo autor en Toledo ese año por lo que podría tratarse del mismo viaje.
Durante aproximadamente diez años, Harris y Sorensen formaron un particular tándem viajero. Sorensen observaba y contextualizaba. Harris fotografiaba. Y entre ambos construyeron un archivo que hoy permite mirar hacia lugares que han experimentado profundas transformaciones.

Harris no buscó únicamente monumentos ni grandes acontecimientos. Su cámara se interesó también por aquello que para quienes vivían en Moncada formaba parte de la normalidad: el modo de vida, las tradiciones, las personas, las calles y las escenas cotidianas. Precisamente ahí reside buena parte del valor de la colección.

Hay algo especialmente interesante en estas imágenes: Moncada aparece observada por alguien que no era de Moncada. Harris llegaba con la mirada de un viajero acostumbrado a recorrer países y culturas diferentes. No tenía la memoria emocional del vecino que contempla una calle y recuerda quién vivía en cada casa. Su cámara podía detenerse, precisamente, en aquello que a los habitantes les parecía cotidiano.
Esa distancia convierte las fotografías en un documento todavía más sugerente. La Moncada de los años sesenta queda así congelada desde una mirada exterior, pero profundamente interesada en la vida de la comunidad. Y quizá sea esa la mayor riqueza de la colección: no intenta explicar Moncada con palabras. La deja hablar a través de sus imágenes.

Por eso cada una de estas 26 fotografías tiene también el valor de una elección. Harris decidió que aquel instante merecía ser fotografiado. Y hoy, décadas después, esas decisiones permiten regresar a una Moncada que únicamente sobrevive en la memoria de quienes la conocieron en fotografías como las que un día inmortalizó Eugene Vernon Harris.








