Julio Zahonero León (1944) recibe esta tarde el homenaje que el ayuntamiento rinde cada año a las personas mayores dentro de las fiestas patronales. Julio apareció un mes de septiembre de 1962 en Moncada desde el Cabañal con la intención, aparentemente sencilla, de disfrutar de las fiestas, donde los bailes no tenían el protagonismo de ahora.

Lo que comenzó como un viaje para disfrutar de las fiestas acabó convirtiéndose en un flechazo. Un encuentro que cambió el rumbo de dos vidas. Desde entonces, Julio y Petra han compartido un camino que alcanza ya 58 años juntos, construyendo una familia con dos hijos y cuatro nietas.
Más de seis décadas después de aquel primer encuentro, Julio vuelve a ser protagonista de las fiestas, aunque ahora por un motivo muy diferente: recibe el homenaje de Moncada a sus mayores. Y, de alguna manera, el reconocimiento tiene un significado especial. Porque si en 1962 llegó a la ciudad para disfrutar de sus fiestas y encontró en ellas el amor de su vida, hoy regresa simbólicamente convertido en protagonista de un homenaje que reconoce toda una trayectoria vital.

Julio cuenta a Moncada Digital los recuerdos de su infancia y la complicidad que mantenía con su abuelo que trabajaba de capataz en Renfe. También su paso por la mili destinado en la Marina donde estuvo embarcado en un buque de guerra.

Su vida profesional ha estado ligada fundamentalmente al mundo de la construcción. A lo largo de los años ha pasado por diferentes ocupaciones. Trabajó en comercios, ejerció como planchista y también desarrolló distintas labores relacionadas con el sector de la construcción que le llevó a trabajar durante varios meses en Argelia, donde participó en la construcción de colegios. Una actividad que le llevó a desarrollar posteriormente buena parte de su vida profesional como gruista.
Durante su etapa de jubilado ha formado parte de las asociaciones pensionistas tanto de Moncada como de la calle Alcoy manteniendo una vida activa. Ahora resiste a los achaques de la edad y pasea siempre que puede por la calle Badia donde le saludan todos los vecinos.

Para Julio, recibir este homenaje supone un motivo de orgullo. No solo por el reconocimiento del ayuntamiento sino porque «el premio simboliza también el cariño y la consideración de la ciudad» hacia quienes, como él, han formado parte del día a día de Moncada .







