Casi dos meses después del inicio del desmontaje de la cubierta del antiguo Cinema Iris la maquinaria pesada culmina estos días la demolición total de cualquier vestigio de una sala de cine que marcó toda una época para generaciones de moncadenses. Antes de que acabe el año, la antigua sala de proyecciones al que se entraba por la calle Luís Vives quedará para siempre en el imaginario colectivo.
Su largo declive empezó con la irrupción del vídeo hogareño en los años 80 del siglo pasado para convertirse más tarde en supermercado y finalmente en signo de indiferencia en el tránsito emergente del eje comercial de Moncada de las últimas décadas.
Un crítico del séptimo arte escribió que «el cine ya no es el centro de nada, sino una de las formas de la nostalgia». Una época pasada, de las costumbres de los pueblos en los que el cine era algo vital, primordial, ya que era el único entretenimiento que formaba parte de la vida cada semana. Como el Cinema Iris de Moncada, por el que cada semana pasaban para soñar con otros mundos, para vivir de los héroes de la pantalla o para emocionarse con las escenas de amor. En pocas semanas no quedará nada de lo que un día fue la pantalla donde se proyectaban los sueños.
ASÍ HA SIDO LA DESAPARICION DEL CINEMA IRIS












