El 8M es el día del feminismo. En las calles, en los balcones y en las asambleas mostramos nuestra fuerza y reivindicamos un futuro mejor para las mujeres y para las niñas. Es un día en el que celebramos nuestros logros, pero también lamentamos las ausencias. Es una jornada donde redoblamos nuestros ánimos porque nos sentimos acompañadas por mujeres de todas las generaciones, y donde también sembramos la esperanza de que lo próximo sólo puede ser mejor. Pero, sobre todo, el 8M sirve para hacer balance de lo que hemos logrado y de todo lo que queda por hacer.
De lo primero, sólo podemos sentirnos orgullosas porque cada victoria nos la debemos a nosotras mismas. Nuestra tenacidad ha dado como resultado grandes avances en forma de derechos y de oportunidades, además de mayores cuotas de libertad y seguridad para las mujeres. Las conquistas son innegables y hoy habitamos un mundo más igualitario.
Respecto a lo que queda por hacer, la lista es larga, pero las mujeres, por mucho que aumenten las resistencias, no nos resignamos a tener un papel secundario. No queremos tener peores trabajos, que se nos pague un 20% menos, que se nos sexualice constantemente, o tener que encargarnos en solitario de los cuidados. La falta de corresponsabilidad hace que dediquemos una media de dos horas y media diarias más que los varones a las tareas del hogar, y estamos muy lejos de erradicar los asesinatos machistas, la violencia sexual, la pornografía y la prostitución.
Nuestra agenda política está clara desde hace mucho tiempo, y este 8M volveremos a mostrar nuestro férreo compromiso con ella. Sabemos que la verdad y la razón están de nuestro lado, y en las manifestaciones convocadas tanto en Valencia como en nuestros pueblos y ciudades nos volveremos a unir bajo un mismo grito de igualdad. ¡Qué viva el feminismo! ¡Qué viva la lucha de las mujeres!
Sofía Capilla Torres /Profesora de Formación Profesional